El autor de las epístolas no se identifica por nombre, pero según el
antiguo obispo Ireneo, fueron escritas por Juan el discípulo de Jesús.
También según Ireneo (que fue discípulo del obispo Policarpo de
Esmirna, el cual en su vez fue discípulo de Juan), Juan residía en
Éfeso, y hay razones para creer que los receptores de las epístolas
vivían en Asia Menor. Las epístolas probablemente fueron escritas en
los años 90 d.C.
1 Juan
La introducción comprueba que el autor fue testigo ocular de la vida
y ministerio de Jesús. El objetivo de esta epístola seguramente es
enfatizar la credibilidad del mensaje y así fortalecer la fe de aquellos
a quienes el autor se dirigió.
Pronto se nota en la epístola, que las iglesias a las que Juan se dirige
tienen desafíos doctrinales y parece que dichos desafíos fueran
causados por personas que antes eran sus miembros. El deseo de Juan
es fortalecer a las iglesias en su fe. Esto se puede ver en el contexto
de la importancia de desenmascarar la herejía de los que han salido
de las iglesias. Los contrastes frecuentes entre la posición de Juan y
la de un oponente imaginario se ve a través de formulaciones como
“si decimos que nosotros” o “el que dice” (y se sobreentiende que así
no son las cosas).
“Lo que era desde el principio” (1 Jn. 1:1), o sea por lo menos a
partir del punto en que los destinatarios de la epístola fueron
convertidos, es el mismo mensaje que Juan, al contrario de los falsos
maestros, predicaba. Al mismo tiempo en su mensaje, “lo que era
desde el principio” seguramente apuntaba al mismo Jesús, el cual
desde la eternidad “estaba con el Padre” hasta el milagro de la
encarnación. Él era la vida, y “la vida fue manifestada” (1 Jn. 1:2) en
Jesús.
Como creyente, Juan disfruta una relación de intimidad “con el
Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Jn. 1:3) y desea que los receptores
de la epístola tomen parte de la misma comunión con Dios que él
mismo tiene. El mensaje de Juan es el siguiente: “Que Dios es luz, y
en él no hay ningunas tinieblas” (1 Jn. 1:5). “Luz” seguramente se
refiere tanto a “verdad” como a “pureza”, mientras “tinieblas” alude
a “mentira” y al “pecado”. Es Juan, entre otras personas, quien
predica la verdad acerca de Dios. Este es el mensaje que previamente
hemos recibido, “Si decimos que tenemos comunión con él”, Juan
escribe, “y andamos en tinieblas, mentimos y no hacemos la verdad”
(1 Jn. 1:6). La afirmación de los herejes que tuvieron comunión con
Dios entonces no corresponde a la realidad porque no andan de
conformidad con la verdad y la voluntad de Dios. Como veremos
más adelante en la epístola, no solo doctrinalmente sino también
éticamente andan “en tinieblas”. La alternativa cristiana, al contrario,
es andar “en luz, como él está en luz, [así teniendo] comunión entre
nosotros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”
(1 Jn. 1:7). Andar en luz incluye vivir transparente y francamente ante
Dios y los hombres. Dentro de las iglesias, si se vive en sinceridad
cada uno con su hermano, entonces existe comunión mutua y
también con Dios. Si esta actitud permanece, el creyente
inmediatamente pedirá perdón a Dios, si cae en pecado, y en virtud
de la obra redentora de Jesús, el perdón de Dios automáticamente
fluye.
Pero si alguno, como los falsos maestros, no reconoce haber
pecado (cuando lo ha hecho), vive en autoengaño y tampoco toma
parte del perdón de Dios cuando lo necesita. Eso es grave en varios
sentidos: como la palabra de Dios demuestra que el ser humano es
pecador y los herejes niegan aquello, lo hacen “a él [Dios] mentiroso,
y su palabra no está en [ellos]” (1 Jn. 1:10).
Extracto del libro Un compendio contemporáneo del Nuevo Testamento
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