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Identidad primaria y secundaria

A veces tengo el privilegio de participar en conversaciones informales con cristianos más jóvenes, capacitados para el ministerio y con un deseo genuino de hacer una diferencia en y para el Reino de Dios.

A veces, el estar involucrado en la obra del ministerio otorga privilegios y posiciones, y para algunos, incluso puede hacer que exageren su propia importancia.

Recientemente tuve una conversación, entre muchas otras, con una persona cuyas percepciones valoro profundamente. Durante esta conversación, él mencionó la importancia de tratar bien a las personas que te rodean cuando estás subiendo a posiciones más altas, ¡porque a algunas de esas mismas personas te las puedes volver a encontrar en tu camino de bajada!

Me he dado cuenta de que la popularidad y la visibilidad en el Reino de Dios son temporales, y a largo plazo no sirve de nada tener nuestra identidad principal basada en el trabajo o la experiencia ministerial actual, futura o pasada.

Con bastante frecuencia me acuerdo de una visita a Copenhague, hace unos 30 años, cuando visité a Erik Larsson, un señor de edad avanzada que antes había sido un conferencista carismático muy popular en toda Escandinavia. Estábamos dando un paseo por su vecindario cuando se encontró con una de sus vecinas y, de manera espontánea, entabló una conversación informal con ella. Para mí era obvio que se conocían de vista y que esa no era su primera conversación.

Erik Larsson había reconocido que hay diferentes estaciones en la vida. En lugar de aferrarse psicológicamente a su pasado, había abrazado su nueva estación. Su identidad principal no estaba anclada en tener un ministerio visible.

Cuando yo era más joven, a veces les decía a los demás, y tal vez también a mí mismo, que no anclaba mi identidad en mis capacidades, sino en quién era yo. Desde entonces me he dado cuenta de que no hay nada de malo en tener cierta identidad en la primera categoria; de hecho, creo que es psicológicamente saludable ser consciente y tener cierta identidad en aquello para lo que somos ‘buenos’, por así decirlo. En ese sentido, no tiene nada de malo tener nuestra identidad en nuestro llamado de vida pasado, actual o futuro.

Sin embargo, sí creo que es importante tener algo en qué apoyarse cuando una fase posiblemente visible termina y uno entra en la invisibilidad, donde muy pocas personas estarán alrededor.

Intuitivamente, creo que muchos de nosotros distinguimos entre identidades primarias y secundarias. Pero también podría ser útil examinar de manera consciente qué queremos colocar en la categoría secundaria y qué nos gustaría poner en la primaria.

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